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Colorantes sintéticos en EE.UU. y cómo un cambio redefinirá la industria alimentaria

La industria de alimentos y bebidas en Estados Unidos, un gigante económico que aportó más de 534.000 millones de dólares al PIB de ese país en 2023, se encuentra frente a una fuerte transformación. Una nueva normativa exige que, en un plazo de dos años, todos los productos alimentarios eliminen los colorantes sintéticos de sus formulaciones para dar paso exclusivamente a opciones naturales. Este cambio regulatorio no solo obliga a grandes corporaciones como Coca-Cola, PepsiCo o Nestlé a reformular sus portafolios, sino que desencadena una serie de ajustes complejos en toda la cadena de suministro global, desde la obtención de materias primas hasta el etiquetado y la logística de distribución.

El impulso detrás de esta regulación proviene de una agenda administrativa que busca eliminar gradualmente los aditivos derivados del petróleo, citando preocupaciones sobre la salud pública y la seguridad alimentaria. La decisión se formalizó con la revocación de aditivos específicos y el establecimiento de un calendario estricto. Según los plazos establecidos, colorantes omnipresentes en la industria como el Rojo No. 40, el Amarillo No. 5 y el Azul No. 1 deberán desaparecer del mercado para finales de 2026, mientras que otros con aplicaciones más complejas, como el Rojo No. 3, tendrán un periodo de gracia extendido hasta 2027 o 2028. Esta transición forzada ha llevado a la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) a acelerar la aprobación de alternativas naturales, como extractos de flores y fosfatos, para mitigar el riesgo de desabastecimiento.

La respuesta de la industria ha sido proactiva, aunque el reto es monumental. Grandes compañías, que ya habían comenzado a explorar etiquetas limpias de manera voluntaria en ciertas categorías, han anunciado cronogramas agresivos para eliminar estos ingredientes sintéticos de todos sus productos. Sin embargo, el desafío no radica únicamente en la voluntad corporativa, sino en la capacidad técnica y logística de sustitución. Los colorantes naturales suelen ser más costosos y menos estables que sus contrapartes sintéticas, y su disponibilidad depende de ciclos agrícolas que ahora se verán presionados por una demanda simultánea de los mercados más grandes del mundo.

Para las empresas exportadoras, esto implica una fragmentación operativa: deberán gestionar múltiples formulaciones del mismo producto para cumplir con las normativas de cada destino, lo que incrementa la complejidad en la gestión de inventarios y los costos de documentación. La convergencia regulatoria hacia la prohibición de sintéticos en las principales economías eleva la barrera de entrada y exige una trazabilidad impecable desde el origen del ingrediente hasta el consumidor final.

En este nuevo escenario, la logística y la inteligencia comercial se convierten en diferenciadores estratégicos clave. Las empresas que logren asegurar contratos de suministro a largo plazo, invertir en tecnologías de preservación y gestionar eficientemente la trazabilidad de sus insumos serán las que mantengan su competitividad. Lo que se avecina no es solo un cambio de ingredientes, sino una reconfiguración estructural del ecosistema alimentario global.

Fuente: The Logistics World

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