Ir al contenido

En el 2026 el sector exportador será el protagonista en Ecuador

Tras un 2025 que marcó un punto de inflexión, Ecuador inicia el nuevo año con una perspectiva renovada. Habiendo superado la recesión del 2024, la economía nacional ha logrado un rebote significativo, impulsada fundamentalmente por la reactivación del consumo, un desempeño exportador sobresaliente y una recuperación paulatina de la inversión. Con proyecciones de crecimiento que superan el 3% —estimadas en un 3,8% por el Banco Central y un 3,2% por el FMI—, el país se encuentra en una posición más sólida que en periodos anteriores, aunque el camino hacia la consolidación exigirá una gestión estratégica frente a desafíos estructurales y externos.

La recuperación económica ha sido palpable en la economía real, comenzando por los hogares. La estabilidad de precios, anclada en la dolarización, permitió que el consumo creciera más de un 6% el último año. A esto se suma el despertar de la inversión productiva; las empresas han retomado la adquisición de maquinaria y bienes de capital tras años de postergación, una señal clara de que el sector privado apuesta por un crecimiento sostenido y no meramente coyuntural.

Sin embargo, el motor más potente de este cambio de ciclo ha sido el sector exportador no petrolero. La evolución de productos tradicionales como el camarón, el cacao y el banano, sumada al aporte creciente de la minería, ha transformado la balanza comercial. El superávit histórico registrado en 2025, que revirtió los déficits de años previos, no es solo un dato estadístico favorable, sino un indicador de cambio estructural: Ecuador está logrando exportar más y con mayor valor a mercados exigentes. Este flujo de divisas fortalece la dolarización y reduce la vulnerabilidad externa, aunque plantea el reto de mantener este dinamismo sin depender exclusivamente de los precios internacionales de las materias primas.

En el plano internacional, las decisiones de la Reserva Federal de Estados Unidos continúan siendo una variable crítica para la economía ecuatoriana. Aunque la Fed ha recortado las tasas de interés al rango del 3,50%-3,75%, la falta de consenso total dentro del organismo estadounidense sugiere prudencia. Para un país dolarizado como Ecuador, esto implica que, si bien habrá cierto alivio en el costo del financiamiento y la deuda, no se debe esperar un entorno de liquidez desbordada. 

La seguridad sigue siendo el factor con mayor impacto real sobre la inversión y la productividad; sin avances concretos en este frente, la atracción de capital a largo plazo seguirá siendo limitada. Asimismo, la situación fiscal y la rigidez del mercado laboral requieren reformas que permitan equilibrar las cuentas públicas y fomentar la formalización del empleo, mejorando así el PIB per cápita, que es el verdadero termómetro del bienestar ciudadano.

El año 2026 se perfila, por tanto, no como un periodo de inercia, sino de definición estratégica. Las oportunidades en agroindustria, minería responsable, manufactura de alimentos y servicios financieros son tangibles y prometedoras. Ecuador cuenta hoy con una base económica más robusta, reservas fortalecidas y un sector exportador dinámico. La clave del éxito para este nuevo ciclo residirá en la capacidad del país para aprovechar esta plataforma, promoviendo la estabilidad institucional y la seguridad jurídica necesarias para transformar este rebote económico en un desarrollo duradero.

Fuente: Fideval

Compartir
Etiquetas
Aduanas inteligentes: la transformación tecnológica que redefine el comercio global