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Tiempos de espera en puertos chinos alcanzan doce días y absorben capacidad marítima global

Las operaciones de transporte internacional registran un fuerte impacto debido a la severa congestión marítima focalizada en los puertos de contenedores de China. Una serie de tifones afectó recientemente la costa asiática, limitando la operatividad de infraestructuras logísticas de alta relevancia comercial. Terminales como Shanghai experimentan retrasos en los procesos de atraque de buques y movilización de contenedores. Compañías operadoras navieras han advertido que las disrupciones climáticas alteran los itinerarios programados, propagando demoras operativas a lo largo de las rutas marítimas hacia los siguientes puertos de destino.

La saturación de las bahías chinas ha modificado las ventanas de atraque, generando tiempos de espera que oscilan entre seis y doce días para los buques de carga. De acuerdo con estimaciones logísticas recientes, este volumen de naves retenidas absorbe alrededor del doce por ciento de la capacidad efectiva total de la flota global de portacontenedores. Aunque se registra el ingreso de nueva capacidad al mercado de transporte, gran parte del tonelaje adicional queda neutralizado por estas paralizaciones. Los índices de utilización de espacio en las embarcaciones de las principales líneas se mantienen estables por encima del noventa por ciento.

Las presiones operativas aumentaron a raíz del alza en los volúmenes de exportación registrada durante septiembre, previo al feriado de la Golden Week en el mercado asiático. Las proyecciones del sector sugieren una disminución paulatina en la demanda de envíos hacia finales de mes. De forma paralela, el conflicto en Medio Oriente ha llevado a operadores a realizar ajustes en los servicios que transitan por vías estratégicas como el Canal de Suez. La combinación de incrementos estacionales y alteraciones de itinerarios mantiene la infraestructura logística operando al límite de sus parámetros habituales.

Las complicaciones actuales en la costa de Asia exhiben vulnerabilidades estructurales en la administración de grandes puertos frente a buques de enormes dimensiones. El efecto látigo en el comercio internacional demuestra cómo los cambios irregulares de la demanda derivan en un uso ineficiente de las capacidades disponibles. Las restricciones operativas no terminan en los muelles, extendiéndose al transporte terrestre que presenta limitaciones para movilizar la carga importada durante estos picos. Este escenario sostiene una balanza comercial donde los transportistas marítimos mantienen el control de la oferta, resultando en presiones directas sobre las tarifas internacionales de flete.

Fuente: Mundo Marítimo

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